Tu malestar, tu emoción

Carolina Aguirre Cano

Para algunos aún es descabellado pensar que las emociones no gestionadas generan malestar en el cuerpo físico, sin embargo, para mi es bastante importante saber escuchar las señales que emite mi cuerpo, ya que acorde a la manera como gestiono las emociones, el cuerpo físico puede sentirse en Bien-Estar o Mal-Estar.

Así de claro es, mientras más aprendamos y apliquemos una correcta gestión de emociones, mayores son los momentos de bienestar que vamos a vivir.

Las emociones son para sentirlas, y en la medida que no sea agradable, entonces hay que buscar las opciones de gestionarlas prontamente y resolverlas de forma satisfactoria, para evitar que alguna emoción se ancle en malestares en el cuerpo.

Como las emociones son algo innato, debemos sentirlas, comprenderlas y orientarlas positivamente, para evitar malestar, dolor o enfermedad.

Si se presentan algunos malestares en algún punto de tu cuerpo, pregúntate si hay situaciones como las siguientes:

Ojos: No querer ver alguna situación o a alguien.

Nariz: Necesidad de auto-reconocimiento.

Boca: Supervivencia.

Cabeza: Muchos pensamientos sin solución.

Garganta: Sensaciones tragadas.

Oído: No querer oír.

Hombros: Responsabilidad, cargas.

Espalda: Desequilibrio entre dar y recibir.

Corazón y pulmones: Tristeza profunda, decepción.

Rodillas: Inflexibilidad, falta de perdón.

Pies: Miedo a dar el siguiente paso.

Después de identificar que está manifestando el cuerpo y llegar al punto de la emoción primaria que lo produjo y, que por consiguiente se llega a sentir esa emoción potenciada, hay que reconocer que efectivamente se está sintiendo y, el siguiente paso es dirigirla positivamente para recuperar el equilibrio interior. En mi caso, aplico respiración consciente, meditación, Reiki o simplemente vuelvo a contemplar que la causa inicial, en un momento de pausa mental, no sería para tanto.

Soy responsable de mi felicidad, por eso me hago consciente de las manifestaciones de mi cuerpo, para gestionar lo más pronto posible cualquier emoción que seguramente dirigí como no correspondía; no me echo culpas, simplemente corrijo para estar mejor. Me curo cuando me hago responsable de mi misma, y así mismo permanecen los malestares o enfermedad cuando no reconozco dicha responsabilidad o pretendo huir de las situaciones sin resolverlas.

Finalmente, todos vibramos en un nivel de frecuencia que a su vez funciona como un imán, que cuando me permito estar en un nivel alto, éste solo va a atraer cosas en ese mismo nivel de vibración.

Mi recomendación es que identifiquemos conscientemente que está causando conflictos en el interior, para gestionarlos, dirigirlos y permanecer en real Bien-Estar.

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